En el marco de la Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) 2024, que
se desarrolla en República Dominicana, Alejandra Bernal-Guzmán, Oficial de Programas de América Latina de la Agencia Internacional de Energía , ofreció una conferencia magistral que abordó uno de los desafíos más apremiantes de la región: la transición energética.
Bajo el título «Transformar el futuro: acelerar la transición energética en América Latina y el Caribe», Bernal-Guzmán delineó estrategias cruciales para impulsar el cambio hacia un modelo energético más sostenible.
En un discurso cargado de datos y proyecciones, Bernal-Guzmán enfatizó la necesidad de repensar las inversiones en el sector energético, especialmente en un contexto de urgencia climática.
«Observamos un movimiento de inversiones del sector del gas al sector eléctrico, así como a los sectores de uso final como la industria y el transporte», explicó. Según las estimaciones presentadas por Bernal-Guzmán, las inversiones en el sector eléctrico deben aumentar significativamente para alcanzar los objetivos establecidos para 2030 y 2050.
«En la línea base del 2022, las inversiones rondaron un poco más de los 50 mil millones de dólares al año», señaló. Sin embargo, para 2030, se requerirá un aumento a alrededor de 75 mil millones de dólares anuales. Pero el salto más significativo se espera para 2050. «Las inversiones deberán multiplicarse por 2.5 en el sector eléctrico», advirtió Bernal-Guzmán, destacando la importancia de las energías renovables en este proceso.
«La inversión en renovables debe ampliarse en un 70%», subrayó, subrayando la necesidad de una rápida transición hacia fuentes más limpias y sostenibles de energía. Además, enfatizó la importancia de la infraestructura energética, señalando que las inversiones en distribución y transmisión deberán multiplicarse por siete.
«Estamos frente a grandes desafíos, pero también frente a grandes oportunidades», concluyó Bernal-Guzmán. Su discurso resaltó la urgencia de actuar de manera decisiva para acelerar la transición energética en la región, no solo como una respuesta a la crisis climática, sino también como una oportunidad para impulsar el desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida de millones de personas en América Latina y el Caribe