FINISTERRE

”¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que le llames «hombre»?

Carlos Echeverri

«Blowin’ In The Wind», 1960. Poema del poeta, cantante y ganador del Premio Nobel de Literatura 2016, Bob Dylan.

 

 El viento es un elemento poderoso, amado por los poetas y meteorólogos. Miguel Hernández, el poeta español decía «¿Qué quiere el viento de enero que baja por el barranco y violenta las ventanas mientras te visto de abrazos? «. Y el viento es protagonista para Bob Dylan en su icónica canción ‘Blowin’ In The Wind’, Flotando en el viento, un texto que encapsula el espíritu de cambio y la búsqueda de la verdad en medio de los tiempos turbulentos de los años sesenta.

Siguiendo el viento, hace muchos años fui a conocer Finisterre, lugar que representaba el límite del mundo conocido para los romanos por allá en el año 200 de nuestra era. Alquilé un Fiat pequeñito y llegué a ese lugar mítico, en Galicia, España. Había frío y viento. Quería sentir – si era posible- lo que sentiría un soldado o un marino romano parado en esa misma playa mirando el horizonte, seguro con algo de temor, sin saber qué había más allá de la línea del horizonte. Hoy uso el viento en este Finisterre, por el recuerdo que aún conservo del frío e intenso vendaval que azotaba esa playa, una extraña playa para mí, llena de pinos en lugar de palmeras.

¿cuántos mares debe surcar una blanca paloma antes de dormir en la arena?, dice Dylan.

Este Finisterre, lleno de viento y temor, es en el que hoy me detengo con la música de Dylan resonando en mis recuerdos, buscando lo que todos buscamos y admiramos y que están cada vez más escasos: hombres y mujeres que lleven por buen camino los negocios y la economía, el periodismo y la familia, su propósito y el de los demás.

Cuando Dylan hace la pregunta ¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que le llames «hombre» ? en el primer verso de su canción, pienso que realmente llamar «hombre» a un hombre, como están las cosas hoy en día, es un acto de responsabilidad.

Llamar «hombre» a quien en uso del poder nos lleva a recorrer caminos errados, caminos torcidos, caminos de destrucción, es de una total ceguera intelectual y espiritual. ¿podemos llamar realmente «hombre» a Maduro, Ortega, Díaz- Canel, Petro, Correa, Cartes, Fernández, López Obrador, Arce, Morales o Sánchez, de la nueva República Bananera de España?

¿Podemos llamar «hombre», en el sentido profundo de la palabra, a esperpentos como Cristina Kirchner y su recua de rufianes, que condujeron a la Argentina camino al abismo del que trata ahora de salir el país austral?

¿Podemos llamar «hombre» en el sentido filosófico de su significado, a una Xiomara Castro, que no sabe ni explica por qué lleva a Honduras hacia las honduras de una izquierda fracasada?

¿Cuántas veces tienen que volar balas de cañón antes de sean prohibidas para siempre?…La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento. Bob Dylan


He tenido la oportunidad de vivir, caminar -y trabajar- en todas las ciudades donde los pequeños hombrecitos mencionados consiguieron frenar y secar los deseos e ideales de gente buena. De Caracas a Madrid, de Managua a Ciudad de México, pasando por Bogotá, Quito, La Paz, Asunción, La Habana, Tegucigalpa o Buenos Aires, esos hombrecitos – pequeños moralmente, insignificantes como pensadores, reemplazables como dirigentes- desviaron las naciones a su cargo del camino de la prosperidad y la libertad.

¿Cuántos años son capaces de vivir algunos antes de que se les permita ser libres? ¿Cuántas muertes serán necesarias para ver que ya ha muerto demasiada gente?  preguntaría con su voz rasposa Dylan a nicas, cubanos, venezolanos y bolivianos.

¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza y fingir que simplemente no ve lo que pasa? sigue resonando la voz del poeta, interpelando a hondureños, colombianos y mexicanos.

¿Cuántas orejas debe tener un hombre antes de que pueda oír a la gente llorar? Y yo respondo que esos hombrecitos hacen oídos sordos a todo lo que no sea su pobre y fracasada ideología. Vuelvo a la playa de Finisterre y a esta columna. Sigo sintiendo el viento, que siempre me pone de mal humor. Y esa duda que el marino romano debía sentir hace casi 2000 años al ver al horizonte, la hago mía.

¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que le llames «hombre»? se preguntaba Dylan en el poema que origina este pequeño texto. Y el mismo daba la respuesta: La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.

 Desde esta columna llamaré «hombre» a cualquier hombre o mujer que honre esas seis letras en su espíritu. Y escupiré –metafóricamente- sobre el nombre de los que se hacen llamar «hombre» y no han recorrido ni un centímetro sin hacer daño.

Por ahora, sigamos vigilando los caminos y recorriéndolos con el corazón bien puesto, para que nuestros hijos, los amigos, nuestra familia, nunca olviden que sí hay hombres con el camino bien recorrido. Para que no los agarren desprevenidos