El impacto del tiempo perdido en el tránsito

El congestionamiento afecta de múltiples formas nuestra calidad de vida

En palabras del premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, el tiempo que pasamos en el tráfico «es el momento más miserable del día». Esta afirmación no es una simple opinión; Kahneman realizó un estudio en el cual la mayor parte de los trabajadores encuestados, que deben trasladarse todos los días de la casa al trabajo y viceversa, piensa de esa forma. Aun así, e incluso con nuevas formas de trabajo híbrido o remoto, la gran mayoría debe hacer dicho viaje casi todos los días de la semana.

El tiempo en tráfico tiene muchas consecuencias negativas, que se exacerban a medida que el periodo aumenta. Está asociado con mayores tasas de obesidad, depresión, divorcio, ansiedad, presión arterial alta y dolor crónico de cuello y espalda. Además, hay que sumar el costo económico: en los países desarrollados, movilizarse diariamente cuesta a las personas en promedio el 10% de sus ingresos mensuales. En países en desarrollo como los de América Latina, ese número al menos se duplica en caso de que el medio de transporte sea un automóvil.

Los costos no se limitan solo a los gastos directos como la compra, el mantenimiento, el combustible y el seguro del vehículo. También existen costos públicos asociados al mantenimiento de infraestructuras como las calles, y externalidades negativas como la contaminación, que no solo proviene de los escapes, sino también de los neumáticos, aceite de motor y baterías. Estos costos generalmente no se incluyen en el cálculo de los costos de producción de los vehículos, sino que representan un gasto adicional significativo para la sociedad.

La congestión urbana en América Latina y el Caribe

Un análisis exhaustivo de la congestión urbana del Banco Interamericano de Desarrollo en diez ciudades importantes de América Latina y el Caribe revela el impacto significativo que tiene este problema en la región. Los datos muestran variaciones considerables entre las ciudades estudiadas:

Sao Paulo y Ciudad de México lideran en términos de congestión total, con 700 y 650 millones de horas perdidas anualmente, respectivamente. Mientras tanto, Montevideo encabeza la lista en congestión por persona con 51 horas anuales, y Bogotá presenta la mayor congestión por viajero, con 186 horas anuales. En cuanto al impacto económico, Buenos Aires sufre el mayor costo relativo a su PIB (1.12%), seguida de cerca por Lima (1.3%) y Montevideo (1.1%).

En Buenos Aires, el costo total de la congestión alcanza los 1,691 millones de US$ anuales, mientras que en Sao Paulo asciende a 1,840 millones de US$. Incluso en ciudades más pequeñas como San Salvador, el costo llega a los 25 millones de US$ anuales. Estos costos representan un porcentaje significativo del PIB de cada ciudad, oscilando entre el 0.55% en Ciudad de México y San Salvador, hasta el 1.3% en Lima, lo que subraya el impacto sustancial de la congestión en la economía urbana de la región.

El impacto del tiempo perdido

Uno de los factores más invisibilizados es el tiempo perdido. Este periodo podría haberse utilizado para la productividad laboral o el bienestar familiar. La pérdida de tiempo no solo impacta a nivel personal, sino que también contribuye a la desigualdad social, ya que las personas que dependen del transporte público a menudo se ven más afectadas.

La sociedad también se estratifica según la capacidad de compra de vehículos, lo cual implica diferentes niveles de riesgo. Por ejemplo, los accidentes de tráfico, especialmente en el caso de motocicletas, no siempre están bien financiados, lo que puede resultar en discapacidades que transforman a una persona productiva en dependiente, afectando no solo a la economía personal sino también al bienestar familiar.

Beneficios de Traslados más Cortos

A pesar de los efectos negativos del tráfico, existen beneficios cuando el periodo de desplazamiento es menor. Estudios demuestran que el tiempo ideal promedio para el tránsito diario es entre 30 a 40 minutos, es decir, entre 15 a 20 minutos por viaje. 

Paradójicamente, el ideal no es 0 sino 15 minutos. Esto se debe a que el viaje sirve como un espacio de transición mental, permitiendo a las personas prepararse para el día laboral o relajarse después del trabajo. En muchos casos, es el único momento del día que las personas tienen para sí mismas. Este efecto positivo es mayor si los trayectos se realizan a pie o en bicicleta.

Sin embargo, es importante contextualizar estos estudios, ya que se realizaron en sociedades más desarrolladas. En el caso de muchas ciudades de América Latina, la necesidad de un vehículo propio a menudo se debe a la sensación de inseguridad y a la falta de alternativas de transporte público eficientes. Además, las políticas de urbanismo que no favorecen la densidad edilicia fuerzan a la gente a vivir en zonas más alejadas.

Aun así, el ideal de 15 minutos por trayecto es difícil de alcanzar. Incluso en países más desarrollados, la mayoría de las secretarías de transporte tienen como objetivo un promedio de 30 minutos por viaje. Mientras tanto, en ciudades como Bogotá o Lima, lo normal son trayectos que superan la hora de viaje en vehículo propio, tiempo que se duplica si se utiliza el transporte público.

Efectos Positivos de la Fluidez en el Tránsito y Políticas de Mitigación

Las mejoras en el transporte y la fluidez del tráfico pueden tener impactos económicos significativos. Reducir los tiempos de desplazamiento aumenta la productividad de los trabajadores. Por ejemplo, un estudio del McKinsey Global Institute encontró que mejorar la infraestructura de transporte podría incrementar la productividad hasta en un 20%. Además, el Banco Mundial estima que un aumento del 10% en los activos de infraestructura puede llevar a un incremento del 1% en el PIB.

Las inversiones en infraestructura de transporte no solo estimulan el crecimiento económico y la creación de empleo, sino que también pueden aumentar el valor de las propiedades. La proximidad a un transporte público eficiente puede incrementar los valores de las propiedades residenciales entre un 10% y un 20%.

Para mitigar los problemas de congestión, se pueden implementar varias estrategias:

  1. Políticas de gestión de tráfico: Mejorar la infraestructura vial, implementar sistemas de monitoreo del tráfico en tiempo real y promover el transporte público.
  2. Restricciones al uso del vehículo privado: Implementar tarifas de congestión y restricciones de circulación para desincentivar el uso del automóvil particular.
  3. Promoción del transporte público y activo: Mejorar la calidad y disponibilidad del transporte público y desarrollar infraestructura para bicicletas y peatones.
  4. Planificación urbana integrada: Una planificación que considere la accesibilidad y la conectividad de diferentes zonas urbanas es crucial para reducir la congestión.