América Latina cierra 2024 enfrentando un panorama económico marcado por retos y oportunidades de crecimiento. En un año donde las tendencias globales, como las altas tasas de interés internacionales, los precios fluctuantes de las materias primas y los conflictos geopolíticos, influyeron de manera directa en las economías regionales, la región mostró una mezcla de resiliencia y vulnerabilidad.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el crecimiento promedio del Producto Interno Bruto (PIB) en la región fue ajustado al alza al 2,2%, reflejando disparidades entre países y sectores. Este incremento se atribuye a un mejor desempeño en sectores clave como las exportaciones agrícolas y el impulso de las energías renovables en varias naciones.
México: Reformas y estabilidad en un año de cambio
México cerró 2024 con un crecimiento económico del 1,9%, impulsado por la transición política que llevó a Claudia Sheinbaum a convertirse en la primera presidenta del país. Bajo su administración, se implementaron estrategias que lograron reducir la inflación al 4,55%, apoyadas en la baja de precios agropecuarios y energéticos.
A nivel internacional, la relación con Estados Unidos enfrentó tensiones debido a la reelección de Donald Trump, lo que puso a prueba el marco del T-MEC. No obstante, México fortaleció su posición como principal socio comercial de Estados Unidos, consolidando su papel clave en el comercio regional.
Argentina: Ajuste económico y tensión social
Argentina vivió un ajuste económico drástico bajo la administración de Javier Milei. Las políticas fiscales agresivas lograron reducir la inflación mensual del 13% al inicio del año al 3,5% hacia finales de 2024, estabilizando también el dólar paralelo. Sin embargo, estas medidas tuvieron un fuerte impacto social, con un aumento de la pobreza al 53% y una contracción del 3,4% en la actividad económica durante el primer semestre.
Este contraste entre estabilización macroeconómica y deterioro social subraya los desafíos estructurales que enfrenta el país, mientras intenta equilibrar la estabilidad financiera con el bienestar de su población.
Brasil: Crecimiento económico y liderazgo global
Brasil consolidó su posición como la octava economía mundial en 2024, con un crecimiento del PIB del 0,9% en el tercer trimestre. Este avance fue impulsado por sectores industriales y de servicios, así como por las relaciones estratégicas con China y la Unión Europea.
A nivel internacional, Brasil lideró las negociaciones del acuerdo UE-Mercosur, fortaleciendo su comercio exterior y atrayendo inversiones. En el ámbito doméstico, las políticas sociales de Luiz Inácio Lula da Silva sacaron a nueve millones de brasileños de la pobreza extrema, mientras que una reforma tributaria histórica simplificó el sistema fiscal, mejorando la eficiencia del recaudo.
Otros países y tendencias regionales
El desempeño de otros países en la región también fue notable. Chile avanzó en el desarrollo de energías renovables y en la explotación sostenible de litio, consolidándose como un actor clave en la transición energética global. Perú enfrentó tensiones políticas internas, pero destacó por su intento de fortalecer lazos comerciales durante la cumbre APEC. Colombia continuó con reformas sociales, aunque su crecimiento económico mostró signos de desaceleración. Uruguay, por su parte, mantuvo una estabilidad política y económica ejemplar, con niveles de inflación controlados y un atractivo sólido para la inversión extranjera.
La región destacó por sectores dinámicos como la minería, las energías renovables y la tecnología. La explotación de recursos como el litio en Chile y Perú, así como el impulso a las energías limpias, fueron motores clave del crecimiento. Sin embargo, los altos niveles de endeudamiento en países como Argentina y las persistentes desigualdades sociales siguen siendo desafíos críticos.
Proyecciones para 2025
De cara a 2025, se espera que América Latina crezca un 2,4% en promedio, con avances en sectores estratégicos como la tecnología y las energías renovables. Controlar la inflación será una prioridad, especialmente en economías como Brasil, mientras que las inversiones en sostenibilidad y equidad social se perfilan como elementos esenciales para enfrentar los retos estructurales. La región tiene la oportunidad de consolidar los logros alcanzados en 2024 y construir un futuro más resiliente y próspero.
América Latina cierra 2024 como una región de contrastes, donde la resiliencia económica convive con desafíos estructurales. Mientras países como Brasil y México lideran en estabilidad y crecimiento, otros enfrentan tensiones sociales y fiscales que requieren atención urgente. El 2025 se presenta como una oportunidad para consolidar los avances logrados y enfrentar con firmeza los retos que persisten, con un enfoque en sostenibilidad y equidad.